Para los antiguos mexicanos, el reino de los muertos, llamado Mictlán, era un frío y oscuro lugar ubicado en el último de los nueve planos, extendidos bajo tierra y orientados hacia el norte, del inframundo. En él gobernaban el Señor y la Señora de los difuntos, Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, quienes eran identificados por su aspecto esquelético, sus cabellos encrespados y los ojos saltones. Cuando algún integrante de la familia moría, sus deudos iniciaban un riguroso ritual que duraba 40 días, dentro de los cuales practicaban abstinencia sexual y de alimentos. El ritual daba inicio con el sacrificio de un perro xoloizcuntli y la quema del bulto que contenía los restos del difunto, el cual había sido previamente envuelto en telas preciosas o en simples petates, de acuerdo con la posición social que había tenido en vida el individuo. jueves, 2 de agosto de 2007
Rito y ceremonial en torno a la muerte de los antiguos mexicanos
Para los antiguos mexicanos, el reino de los muertos, llamado Mictlán, era un frío y oscuro lugar ubicado en el último de los nueve planos, extendidos bajo tierra y orientados hacia el norte, del inframundo. En él gobernaban el Señor y la Señora de los difuntos, Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl, quienes eran identificados por su aspecto esquelético, sus cabellos encrespados y los ojos saltones. Cuando algún integrante de la familia moría, sus deudos iniciaban un riguroso ritual que duraba 40 días, dentro de los cuales practicaban abstinencia sexual y de alimentos. El ritual daba inicio con el sacrificio de un perro xoloizcuntli y la quema del bulto que contenía los restos del difunto, el cual había sido previamente envuelto en telas preciosas o en simples petates, de acuerdo con la posición social que había tenido en vida el individuo.
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